¿Mejor amar y haber perdido...?
No lo creo, amigo mío, pues amar no implica perdida
o eso, al menos siempre había creído.
Me creía tu princesa pero no era más que una simple prisionera
obligada a vivir siempre a la sombra de tu espalda.
Me hiciste declarar la guerra aún mundo que ni siquiera me odiaba,
pero a la vez, me despojaste de todos mis escudos y armas.
Desnuda y desarmada me abandonaste en medio del campo de batalla.
Dejé que las circunstancias me apuñalaban, que mis miedos me amordazaran
y como la presa más tonta supliqué de nuevo ser encerrada.
Me convertí en mártir y en verdugo, para día a día sufrir mi castigo,
esperando que el brotar de sangre de mis venas consiguiera,
de mi condena, tu indulto.
No pude resurgir de mis cenizas, porque no había nada de lo que resurgir,
Me volví el arder de mis escombros, un fuego alimentado por tus mentiras disfrazadas de promesas.
En el amor y en la guerra no hay reglas, porque si las hubiera estarías descalificado.
Ahora calla y observa al monstruo que has creado.
Ya no me duelen las flechas de tu mirada
y la palabra puta ha quedado más que desgastada.
No ganaste la guerra, porque ni siquiera ganaste una batalla. Y pesar de poder destruirte, no es venganza lo que busco.
Solo poder susurrarte al oído,
ya no me dueles amigo mío.
Mejor amar y haber perdido...?
No, mejor amar y haber sobrevivido.