No sé cuándo fue
que empecé a sentirme tan vacía. Creo que mucho antes de conocerte ya no era
más que un cueco deseoso de ser llenado
con sentimientos ajenos. Después del fuego de mi adolescencia, caí en este
infierno helado desde donde miró mi vida
pasar como si fuera una película serie B.
Es tanta la
diferencia entre vivir y sobrevivir, entre sonreír y reír y entre amar y ese
palpitar torpe que surge de mi corazón. Me recuerda a esos mecheros que
incapaces de dar a luz a una llama en condiciones, escupen chispitas esperando
poder encender algún cigarrillo. Tengo
que confesarte que he buscado en otras sábanas, lo que no encontraba en las
tuyas, pero sigue siendo el mismo hielo con diferentes caras.
El único escudo que
me queda son mis ‘ y yo también’ frentes a tus ‘te quiero’ , así que no creo
que mi motín interno pueda aguantar mucho más.
Quizás alguna de estas cartas llega a tus manos…o quizás no y seguimos
viviendo para siempre en este sucedáneo de felicidad.
Mientras llegamos a
ese ‘matchpoint’ seguiré conviviendo con el vacío de mis entrañas, y cada día
poco a poco, mi nada y yo nos iremos
fusionando, hasta que me convierta agujero negro con curvas de mujer.