Me convencí de que eramos especiales. Me
convencí no había ninguna pareja similar
a nosotros, eran todos tan múdanos. Me convencí de que la pasión que escondían nuestras frecuentes
discusiones eran algo endémico de nuestra relación. Me convencí de que poseía la exclusividad de tus
besos aunque no hubiera ningún acuerdo firmado. Me convencí de que tu cuerpo me decía 'te quiero' al chocar con
el mío. Me convencí de que los celos eran algo
de chicas tontas e inseguras y que eso no era algo que fuera conmigo. Me
convencí de que llevaría esto con dignidad, que era
sólo físico, que no había debilidad en mis emociones.
Pero por encima de todas estas cosas me convencí que nunca te marcharías.
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